domingo, 23 de junio de 2013

Mi semana con Marilyn (2012) y Shame (2011)


Parecería irracional afirmar que dos películas tan distintas como Mi semana con Marilyn (2012) y Shame - Sin reservas (2011) tengan algo en común. Una con todo su encanto e ingenuidad, reconfortante y esperanzada en aunar el sexo con el romance, y la otra de una sordidez descarnada, escéptica y deshumanizante. Y es que ambas muestran el otro lado de un espacio mítico, al parecer espléndido, dentro de las obsesiones y deseos más básicos del ser humano, los carnales.
Mi semana con Marilyn - Matrimonios a la deriva (foto real)
Ambientadas en épocas diferentes. La primera fue dirigida por Simon Curtis y sucede en 1956 en los Estudios Pinewood, cerca de Londres, cuando Marilyn, desde hace poco tiempo casada con uno de los dramaturgos más talentosos de Estados Unidos (Arthur Miller), rodaba para su flamante productora El príncipe y la corista, junto a Lawrence Olivier. En tanto que la segunda, dirigida por el británico Steve Mc Queen, está atascada en una Nueva York contemporánea pero patética y oscura.

Mi semana con Marilyn - Escena real de El Príncipe y La Corista
La primera desmitifica la fábrica de sueños dorados de Hollywood, aunque el joven Colin no llegue a creérselo, ni la película en sí desee hacerlo del todo. De hecho, muchas cosas las pasa por alto, como  el quiebre de la tormentosa relación entre Lawrence Olivier y Vivien Leigh, y el deterioro mental y físico de Vivien.

Pero la segunda va mucho más allá, y arremete contra las apariencias de los videos eróticos de Internet, de su imaginario virtual falso, de la prostitución (que se supone elegida con libertad) y la creencia en ciertas virtudes de la independencia malentendida de la mujer que acaba en soledad y sexo casual. Sin dejar de lado la convicción de que defender el éxito laboral y el ego personal es lo único que importa en la vida. Provoca angustia.
Shame - Escarnio sin concesiones
Ambas muestran relaciones tan líquidas como las transacciones bursátiles en Wall Street. Inestables, carentes de un compromiso factible. Ambos protagonistas, tanto Marilyn (brillantemente interpretada por Michelle Williams), como Brandon (Michael Fassbender) fracasan en las relaciones humanas, y están todo el tiempo al borde del precipicio.

Shame - Evocando una Nueva York no encontrada
La hermana de Brandon, Sissy (interpretada por una Carey Mulligan en carrera ascendente), también busca el éxito y el amor, sin conseguirlo. Y es cantante, y cuando le toca cantar, elige justo el tema que ya es un icono sonoro de esa ciudad en el mundo (nada menos que el New York, New York! que Liza Minnelli vocalizó siempre con euforia y exagerada pasión, después de su traspié en el musical que filmara con Scorsese, coprotagonizado con Robert De Niro).

Shame - Un jefe poco recomendable
Pero Sissy guarda las distancias y le otorga una lectura personal, con una mesura y corrección que trasmuta en desencanto. Y no es sólo porque le falte registro para los agudos. Es porque no logra ocultar la melancolía por un sueño que se hizo pedazos, no sólo para ella sino para muchos que la están escuchando.

Shame - La habilidad de seducir desde el segundo plano
Será por un sueño compartido por ambos hermanos, que quizás vivían en un pueblo en aquellos años 70, ya que él no puede evitar su repentina tristeza con su jefe sentado cerca, cuando se sorprende y la oye. Su jefe es el “único amigo” que tiene. De esos que si no le servís más, te tiran a la basura. Brandon presiente que su jefe sabe lo que le pasa y tiene miedo. En un momento, cree oírle decir que él es repugnante. Aunque su jefe sea un "infiel crónico" (hasta con Sissy en el mismo departamento de Brandon) pero ser un "hombre casado con familia" lo perdona.

Y Brandon, a través de miradas cómplices con la mujer "de saquito beige" que el jefe pretende conquistar a toda costa, termina ganando, porque comprende mejor que nadie el arte de la seducción y la manipulación.


Mi semana con Marilyn - Las fotos de la película que no terminó

Marilyn no pierde de vista su costado luminoso, que consigue irradiar por poco tiempo, cuando se trata de filmar una escena ante una cámara o de saludar a sus fans. Se transforma en la chica adorable y feliz que siempre quiso ser, pero en realidad sumergida en una neurosis que no atendió como es debido, por la obsesión de ser famosa y amada por todo el mundo. El problema es que sólo lo consiguió en la ficción, a partir de un 1953 maravilloso y también maldito. Y desde entonces, consume sin control, barbitúricos y  alcohol.

Shame - Atletismo sexual
Brandon emula a los atletas sexuales de sus videos favoritos, creyendo que así llegará a un clímax inalcanzable. Pero en realidad está representando al amor, a otra ficción como el rol que fingen las prostitutas que paga. Se cae por sí misma al terminar la función, cuando comprueba de nuevo la soledad, desnudo en su cama vacía, donde sigue sin interesarle a nadie.
Es un instante efímero cada vez más frustrante, que pide más y entra en el círculo vicioso de las adicciones sin salida. La sordidez resulta ser otra forma de encubrir carencia afectiva.
Shame - Soledad de la mañana después
Cuando Marilyn (Norma Jean, en realidad) intenta una relación, la hace fracasar. Se vuelve demandante y deposita toda su carga en el otro, como si siguiera siendo una niña. Actitud que no hará más que repetir el abandono que siempre sufrió. Terminó divorciándose tres veces. Su carrera fulgurante rozó casi una década hasta que se suicidara (1953 – 1962).
Mi semana con Marilyn -
La doble de un mito
Siempre se quejaba porque nadie la tomaba en serio y estudió el "Método" en el Actor’s Studio de New York con Lee Strassberg. Luego siguieron los éxitos de La comezón del séptimo año y Bus stop. Pero le disgustaba el hecho de no haber estudiado de la forma clásica.

Aunque lo suyo era puro intuición y carisma, en comedias ligeras irrecuperables hoy en día. Hasta Olivier (Kenneth Branagh), ya envejecido, se sintió opacado ante su luminosidad y belleza bajo su propia dirección, demasiado académica. La paradoja es que todos creían en ella, menos ella misma.
Mi semana con Marilyn -
 La famosa escena de La comezón del séptimo año
El desamor y el abuso vivido en la infancia nos vuelve inseguros, egoístas y descreídos. Las exigencias suelen ser desorbitadas y se nos revierten en contra o no nos atrevemos a nada. Estas criaturas terminan buscando en la ficción, el éxito y la fantasía, lo que suponen que no podrán conseguir siendo adultos comprometidos con los afectos de la vida.
Mi semana con Marilyn- Un intento de contención
Marilyn quiere probarse a sí misma al extremo. El otro continúa su vida sin sentido. Y angustiados por tanta presión, olvidan que aunque ser perfecto sea imposible, no es necesario serlo para ser querido por alguien. Aunque sus padres y su historia personal tal vez les despertaran ese principio.

Shame - La mujer que no fue
Cuando Brandon intenta una relación en serio con Marianne, no puede hacerlo. Siente que en el plano real, eso no le es posible. Hasta menosprecia las relaciones por temor al fracaso y al hastío. Recién cuando su hermana intenta matarse porque él la echa del departamento, avergonzado por su estilo de vida que ella no tarda en descubrir, toma conciencia de que es lo único valioso que tiene.

Shame - Dos hermanos atormentados
Marilyn se auto-flagela y se culpa, en una mezcla de inocencia y promiscuidad. Brandon, al despreciar su fracaso personal, a propósito provoca a un hombre en un pub para que le dé una paliza. Y luego, termina de auto-humillarse tratando de satisfacerse en un antro para homosexuales. Su conducta es íntegramente compulsiva y repele.
Shame - Tecnología para agrandar distancias
Consciente de su error, adopta la actitud valiente de reconocerse y de iniciar un camino distinto pero esperanzador. Lo percibimos cuando en el subte (la secuencia final), hace caso omiso de la mujer que intentó seducir con un juego de miradas con respuestas promisorias, varias veces en sus viajes de vuelta del trabajo, y que al fin, le demuestra estar dispuesta.

Un duelo de imágenes y provocaciones, de avances y huidas, en un vagón de subte sucio y manoseado. Esta vez la ignora porque se conoce y sabe que no está listo, y que volverá a caer en la trampa de sus impulsos sin freno.

Shame - Las tres estaciones del deseo
Según la banda sonora, en una ocasión, cuando “hace el amor” (todo un eufemismo), formando un trío con dos mujeres, para él es como apuñalarse otra vez. La tragedia se le impone. Necesita amar y no se anima a intentarlo.
Shame significa Vergüenza. Caer en lo más bajo porque es lo más fácil, aunque no sirva más que para seguir cayendo y perder el tiempo. Auto-degradarse. Un terrible efecto de la cobardía que duele.

Mi semana con Marilyn - Haz algo por tu país
Marilyn acabó siendo el juguete sexual de la cima de la élite, los venerables John (el presidente que sería asesinado en Dallas) y es probable que también con Robert Kennedy (que corrió la misma suerte unos años después). Se había casado con Miller para dar de paso la imagen de una actriz seria, ser la protagonista en sus obras que retrataban al hombre común y desdichado (Basta con recordar La muerte de un viajante).
Mi semana con Marilyn - La película seria  
Pero él no le perdonó sus infidelidades y se divorció en 1961. En The Misfits (Los inadaptados, o Vidas rebeldes, de John Huston) de ese mismo año, Miller en su guión le hace decir a Clark Gable (que moriría después del rodaje) una frase que lo resume todo: -Eres la chica más triste que he conocido. Es la única película donde se muestra tal cual como se sentía en ese momento, y por eso resultó decepcionante para el público que pide cuentos de hadas.

Mi semana con Marilyn - Colin, el rey joven 
La relación de Marilyn con Colin tiene un cariz especial. Marilyn toma al inexperto para encontrar en su profunda devoción, el cariño y el cuidado que no logra conseguir. Es el espejismo del primer amor, amargo y dulce a la vez. Más bien la ilusión del amor perfecto con una diosa griega, una ninfa del Olimpo que le da el gusto de bañarse desnuda con él en un río. Y que juega con sus sentimientos, sumidos en un torbellino inesperado.

Mi semana con Marilyn - El baño y el rito
La mirada intensa y juvenil de deseo de Colin habla por sí sola durante toda la película. Por eso se comporta de forma piadosa y compasiva. Y le encanta contenerla y protegerla, porque eso lo hace sentirse más fuerte. Y Colin logró crecer cinco centímetros más, cuando se dio cuenta de que el sueño había terminado. Ese crecer de golpe, que a todos puede sucedernos en la vida. Perdiendo paulatinamente su fresca inocencia. A la sordidez despiadada de Brandon se oponen las ilusiones del amor idealizado, encerrado en una burbuja de champaña o bajo una campana de cristal, y como tal inexistente.
Mi semana con Marilyn - Desamparo
Colin le pide que deje Hollywood (lo cual es la idea más cuerda que pueda tener), pero ella sigue enfrascada en un camino que no la llevará a ninguna parte. Some Like It Hot (1959), llamada en castellano Una Eva y Dos Adanes, clásico que fuera dirigido por el gran Billy Wilder (quien afirmó que era la comediante más brillante que había conocido), será la siguiente película y su último éxito, en la cumbre de su carrera, que compartría con Jack Lemmon y Tony Curtis, travestidos porque escapan de la mafia.
Mi semana con Marilyn - Jugar a lo imposible
Son también concepciones de dos épocas distintas que buscan lo mismo de forma inversa, separadas por las profundas transformaciones sociales de los años 60, donde una reacciona contraponiéndose a la otra. La ilusión de venderle al mercado la fórmula de la felicidad. 

Primero la fábrica de sueños. Una sublimación hermosa, universal. El culto al amor y al sexo romántico de la mano de "la chica de tus sueños", una estrella más en el Paseo de la Fama, con erotismo sugerente y glamoroso. Siempre mostrado con cuidado pudor, que cede su lugar a partir de los 70 al muestrario de un prostíbulo violento, que no interesa ocultar y que no cree en nada. Una suerte de consumismo en el mercado cautivo de las pulsiones de la insatisfacción que agrava la enfermedad.

Shame - El circuito interminable
del deseo 
Sin tapujos pero también con una mentirosa saciedad carnal que no encaja con la realidad, llena de estafas y maldad. Sin mencionar el maltrato, la explotación sexual, las humillaciones, en apariencia aceptadas por parte de la mujer-objeto, y los elaborados doblajes y ediciones que tienen que procesarse antes, para orquestar un sexo fácil de conseguir y comercializal. La evidencia de la falta de valores y con fe ciega en el utilitarismo.


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