sábado, 25 de mayo de 2013

Eterno resplandor de una mente sin recuerdos (2004)


El giro de Jim Carrey

Después de interpretar a Truman, la carrera de Jim Carrey dio un gran vuelco. Se distanció del personaje de hacer payasadas exageradas (como Roberto Benigni con La vida es bella en Italia), y empezó a actuar en papeles interesantes, donde demuestra sus grandes dotes interpretativas.


Es muy expresivo, cuando se mesura y no sobreactúa. Siempre hace papeles de hombre sensible, dolido y valiente. Generalmente es una gesta heroica contra lo imposible y se siente próximo y nostálgico de la infancia, esa edad dorada en que todavía no había perdido su inocencia o donde no estaba por perderla.

¿No es acaso El show de Truman la historia de un treintañero que pierde de una vez por todas la inocencia, que descubre que es víctima de un sistema despiadado, que lo ha manipulado? ¿No es una gesta épica en busca de su libertad personal, para poder vivir, amar y ser de forma auténtica?
Charlie Kaufman

En Eterno resplandor… se llama Joel Barish. Con guión de Charlie Kaufman y dirigida por Michel Gondry, se repiten algunas características: ha tenido una infancia hermosa, pero se ha convertido en un hombre retraído y solitario que sólo piensa en su trabajo, desencantado por la vida adulta (típico personaje de Charlie, también guionista de ¿Quieres ser John Malkovich?).

Y es ese sentimiento de desvalido y de bondad inocente y traicionada, lo que lo vuelve atractivo para esa mujer que ya ha asumido los golpes de la vida. El no vive más bajo una campana de cristal.
Un llamado lo puede todo

Sentimental incurable, escribe un diario personal para reflexionar y dibuja caricaturas. Algunas caras son francamente siniestras, aluden a la muerte y expresan su dolor interno.
También hay chistes y ocurrencias que remiten a juegos donde la muerte está presente, (como asfixiarse con las almohadas o fingir un suicidio con salsa de tomate). ¿Notaron el reloj de péndulo con figura de calavera?

Versátil Kate Winslet

La vida de Joel toma colorido con la aparición de la mujer amada, que precisamente usa campera naranja y diferentes tinturas para el pelo, aunque ella les atribuya nombres amenazantes.
Agente naranja


En este caso es Clementine Kruczynski, interpretada por Kate Winslet, nombre que coincide con el de un personaje y una melodía de Huckleberry Finn, el cuento sureño para chicos de Mark Twain en el Mississippí.

Kate es una actriz magnífica, quedaron atrás los días de rebelde adolescente de Titanic, donde también actúa muy bien y sabe del dolor y la desesperación. Lograda su madurez, nos deja muestras de grandes trabajos.


En Contagio de Steven Soderbergh (2011) lleva admirablemente el peso de toda la película durante media hora, hasta que muere, y la película no se recupera más de su ausencia. Ni hablar de Un Dios salvaje de Polanski junto a Jodi Foster o de Secretos íntimos, sobre el adulterio en un pueblo suburbano.
Ella busca lugares solitarios y desolados, como acostarse de madrugada con su pareja sobre el río congelado. Esa oposición entre la helada soledad y el amor tibio cerca de las fisuras y las estrellas, les resulta agradable, lo mismo que el duelo entre la vida y la muerte. La historia de amor que se recrea no es para nada banal.


Ella es tan independiente y determinada. Lucha activamente contra el destino y pasa a ser la figura dominante (otra característica de la mujer en los guiones de Charlie). Se siente acomplejada. Teme ser fea y rara y no soporta el paso de los años.
Se nota que busca a un hombre bueno y necesitado de afecto a propósito, para no volver a ser estafada, tal vez. Es ese ímpetu por conquistar a un hombre, lo que le echa en cara Joel en su última pelea, el motivo que terminará por rebalsar el colmo del vaso.

Una pareja singular

Clementine significa clemencia, como bien dice Joel. Pero en ese diálogo en el tren, donde ambos han borrado su pasado, éste sigue presente de manera misteriosa, digamos que su afinidad es psicológica e instintiva, con huellas inconscientes difíciles de percibir.
Es San Valentín, pleno invierno entre nevadas, (inventado por los fabricantes de tarjetas para que la gente se sienta como basura). Ella es quien siempre toma la iniciativa (la secuencia del andén es la más divertida), es resuelta, impulsiva, y se siente muy frustrada, y aduce ser vengativa.



El es temeroso, pero se siente atraído. La observa. Le disgusta su reacción cuando él le dice que es linda y agradable, adjetivo muy trivial, y entonces ella alega nerviosa que no espera que la gente le diga eso (nice). 
Ella se hace cargo de la seducción (me gusta cuando le dice que el alcohol hará que esa tarea sea menos repugnante). Es un licor verde en una botellita que lleva siempre en su bolso y delata su adicción. Denota neurosis y que siente cierta culpabilidad por tener que manejar la situación, algo mal visto en las mujeres.
Es la historia de un romance fallido que, si bien sigue el esquema convencional de las películas románticas: chico encuentra chica – chico pierde chica – chico recupera chica, le encuentra una vuelta de tuerca. Y como en todo gran amor, el odio está cerca.
De ahí, esa dualidad goce-sufrimiento y perdón-amenaza, además del programa de TV, donde el mago confunde veneno con pócima.



Ella no se adapta a su carácter callado y a su vida sin desafíos, rutinaria y mediocre. Empieza a aburrirse y las cosas empeoran del todo  cuando él se niega a tener un hijo. Pelean en pleno mercado, donde lo insulta a gritos tratándolo  de "viejita",  sin pensamientos  ni amor  ni pasión.

Otro exponente de ciencia ficción sentimental

Pero para quebrar esquemas, a esta historia se le superpone lo fantástico, un procedimiento dentro de la vertiente de la ciencia ficción sentimental.
El humor y la ingenuidad de Jim enfrentan la crudeza de la realidad, como era descubrir que Seahaven era un mundo falso dentro de un gigantesco domo, cuando era Truman. Lo tecnológico se convierte una vez más en una herramienta para condicionar afectivamente al ser humano, para controlarlo como si fuese una máquina.

En este caso es una operación quirúrgica, sin bisturíes. La extirpación de sus recuerdos dolorosos, matando las redes de neuronas precisas mediante voltaje eléctrico. Un electroshock en apariencia indoloro, mientras el paciente duerme, o mejor dicho sueña. Una amnesia parcial selectiva, provocada y consentida.

Estructura circular que busca la sorpresa

El relato no es lineal. Empieza en la mañana después. El procedimiento se hace de noche para que no interfiera con la rutina diaria del paciente, hasta que vuelven a encontrarse. Les digo que ese despertar en su cama, de esplendoroso no tiene nada. Ese hilo argumental queda inconcluso, a modo de anzuelo.


Y luego retrocede a la noche en que sucede, desde que llora en el auto (¿ver a un hombre llorando? ¡qué barbaridad!) hasta que se droga y cae dormido, para que el “equipo profesional” ingrese en su departamento y se haga cargo de todo.


Es aquí donde el relato del pasado empieza a ir en reversa, pero por secuencia. Desde que la ve en la librería y se asombra porque no lo reconoce (lugar adecuado porque como contrasentido los libros son registros de vivencias), hasta que la conoce por primera vez en la playa durante el verano cuando va a una fiesta con sus amigos a Montouk, Long Island, cerca de Nueva York.

Donde se conocen


En realidad, se cuentan en paralelo dos historias: el viaje por los laberintos de la memoria acometido por Joel resistiéndose a la “máquina”, y las incidencias del“equipo profesional”. Por momentos, por poco voltaje o porque la droga no fue suficiente, se superponen ambas.

Percibe estando dormido, pasado y realidad presente. O incluso pasado de pasado, pasado y realidad presente. En los recuerdos, a su vez, puede evocar otro, cuyos elementos comienzan a invadir la escena hasta transformarse en ese.
Se vuelve surrealista y se confunde lo vivido con lo imaginado, como la calle que invierte sus esquinas sin ninguna lógica razonable o las caras que se van deformando y disolviendo, como si fuesen de goma.

Evolución de la ciencia ficción en 50 años

De películas ingenuas a distopías, desde los años 60 este género menor ha marcado la historia del cine con importantes hitos, sobre todo en el cine de autor, tan alabado por la nouvelle vague, de la mano de Godard, Truffaut, Resnais... y con la respuesta soviética que dio Tarkovsky en Solaris (1972). En todas se relaciona con las emociones humanas y cierta metafísica, una nueva forma de mirar la vida.

Discovery hacia Júpiter

Pero el honor de la obra maestra le corresponde (¿cuándo no?, con 2001: Odisea en el espacio (1968), a Stanley Kubrick,  donde a traves de la ópera visual y los tiempos muertos, muestra a toda una tripulación en hibernación con dos hombres en vigilia, a merced de una supercomputadora que no puede equivocarse, HAL 9000, que muere cuando el único superviviente desconecta su memoria.
La nefasta HAL 9000

También tiene mucho que ver con Eterno resplandor... la crítica feroz y escandalosa al sistema violento y en apariencia democrático de La naranja mecánica (1971), también de Kubrick y protagonizada por el perverso Alex, que se somete al "tratamiento" para salir de la cárcel.
El perverso Alex

La ingenuidad y la acción juvenil de los 50 vuelve con efectos especiales de primera calidad en La Guerra de las Galaxias (1977) de George Lucas y su saga.

Spielberg recrea cuentos de hadas en un cine familiar y pacifista en Encuentros cercanos del tercer tipo (1977) y E.T. El Extraterrestre (1982), en la misma línea de comedia juvenil de Volver al futuro (1985) de Robert Zemeckis.


Pero los pesimistas aducirán la robotización del hombre o su lucha contra las máquinas y los robots (Westworld,1973 de Crichton), su propia creación. Con la tecnología al servicio del control social (La fuga de Logan, 1976, de M. Anderson), y el peligro global de un mundo super poblado (Soylent green, 1973, de Richard Fleisher).






El punto de inflexión le pertenece a Blade Runner (1982) de Ridley Scott, donde lo tecnológico satura el entorno y confunde al humano con el humanoide en medio de la polución urbana. Además vuelve a una filosofía pesimista.

Blade Runner: Punto de quiebre

Prefigura las dos partes de Terminator (1984 - 1991) de J. Cameron, la pesadilla de Brazil (1985) de Terry Gilliam, con reminiscencias del 1984 de Orwell , el policía híbrido Robocop (1987) de Verhoeven o A.I. Inteligencia Artificial (2001), de un Spielberg que inicia una etapa más compleja y oscura.

Coincidendo con supuestas profecías, otros abordan el apocalipsis pueril de 2012 (2010) y El día después de mañana (2004), o el extermino sistemático, llevado a cabo por alienígenas en Día de la Independencia (1996), las tres de Roland Emmerich . La guerra de los mundos (2005) de Spielberg, es francamente aterradora.

Los videntes (precogs) de Minority Report (2002) parecen humanoides, más que humanos, conectados a un gran sistema informático, tecnológico y policial, que prevé homicidios. Película muy discutida, de final decepcionante y excéntrica.

Comienza la realidad virtual


En los 00 la informática inspira historias donde ya no es necesario crear un mundo robótico y real. Todo puede instalarse figuradamente en la mente mediante software(programas), para dar apariencia real a mundos virtuales.
Después de El vengador del futuro (1990) de Verhoeven, la trilogía de Matrix (1999) pega un gran salto, imitando a los juegos de consola. Termina internándose en los vericuetos de nuestra propia mente. Con posterioridad a Eterno resplandor…, El origen (2011) de Christopher Nolan, va más allá y explora la posibilidad de insertar y extraer ideas de alguien, comunicándose e interviniendo en el universo onírico de esa persona.
Nemo y Matrix

El procedimiento:

Amnesia selectiva


Volviendo a la película, parece que la “máquina” viaja por tu mente siguiendo un trayecto pre-establecido, de lo más reciente a lo más remoto, y entonces te hace recordar lo que tenés que olvidar, y ahí lo borra.
Los efectos son muy curiosos, y desesperantes. Porque se convierte en un proceso soñado y por lo tanto, en una verdadera pesadilla, que después olvidará. Y a Joel que grita en silencio, no le habían explicado eso.
La máquina es una computadora que lee redes de recuerdos ya localizadas en tomografías azuladas cuando llevó los objetos que le traen recuerdos. Es obvia la comparación entre la computadora y nosotros, las personas.



El cerebro y la mente humana son mirados como un aparatoso artilugio mecánico, un complejo reservorio de memoria, dirigido por nuestro yo, que sería una especie de procesador descarriado. Algo parecido a lo que pensaban los cognitivistas en los años 50. En otras palabras, es un lavado de cerebro sofisticado, un juguete muy peligroso.

Lucrativo comercio
del dolor

En varias ocasiones se pone en tela de juicio la ética de esta práctica pretendidamente terapéutica, que resulta ser muy rentable. El consultorio Lacuna Inc. (nombre que no precisa aclaraciones) está lleno de pacientes, y ya no necesita servirse de promociones.





La impresora emite tarjetas para olvidar a todo vapor (algo antinatural para una tarjeta, objeto recurrente de esta película). Es patético ver a esa mujer que quiere olvidar a su perro Buster o a ese señor con una bolsa negra de donde sobresale un trofeo de… ¿su hijo muerto, tal vez?

Tarjetas para olvidar


Hacen un buen equipo…



Joel les lleva todos los objetos que puedan recordarle a Clementine, en bolsas negras de basura. Cada objeto sirve de estímulo para activar las zonas cerebrales problemáticas, y así se va armando un mapa.

Un trabajo divertido


El equipo que acompaña al doctor es encantador. Hacen bromas todo el tiempo, coquetean con la secretaria que es muy bonita (Kristen Dunst), miran videos, y mientras le “queman” el cerebro, beben, charlan, comen dulces, bailan rock semidesnudos, y a los saltos en la misma cama en que sufre Joel, hasta hacer el amor en su sillón. Total, la máquina puede andar en “piloto automático” como un jet.

Patrick, el hombre-niño

Además, uno de ellos, Patrick, juega el rol de novio reemplazante, y resulta ser una verdadera joyita. Roba todos los objetos de Clem (como su bombacha, una pavada) y los de Joel para usar sus frases y regalos con el fin de seducirla, porque no confía en sí mismo, lo que la confundirá y provocará el fracaso de su intento. Cuando Joel se entera al principio del proceso, se pone como loco.


Si bien su compañero protesta porque ese proceder no es ético de su parte, terminan riéndose a carcajadas. El doctor Howard parece el más serio de todos, minimizará los efectos del “daño cerebral” para vender su tratamiento.
¿Se imaginan lo que es borrar a una persona con la que compartimos casi dos años de la vida? ¿Creen que sólo es una noche de borrachera? Se daría cuenta de los huecos, de las cosas que no están y dejan incompleto el pasado. Debe ser tan espantoso como recordarlo todo.

La apología de Mary

Mary, la secretaria enamorada del doctor, cree que es un hombre altruista, y ella misma embellece su labor con frases poéticas como la del Papa Alejandro VI (Papa tenía que ser, y encima un Borgia).

"Cuan feliz es el hombre inocente sin delito, el mundo que se olvida del mundo olvidado; el eterno resplandor de una mente sin recuerdos: se cumplen las oraciones y se rechazan los deseos”, (que también se aplica al drama adúltero entre Mary y Howard).

O la de Nietzsche que dice: "Benditos sean los que no tienen memoria porque tendrán el Paraíso."

Mientras la menciona, se despliega una de las escenas más bonitas, con el fondo de una fiesta callejera donde desfila una tropa de elefantes montados por bellas chicas ataviadas con corazones y los colores de la bandera americana.
Escena de felicidad

Al final, Mary descubrirá que recibió de la misma medicina y que ha sido otra víctima incurable porque vuelve a enamorarse de él. Y se vengará devolviendo por correo las grabaciones a todos los pacientes.

¿A qué se refiere el título? ¿Cómo es una mente sin recuerdos y sin manchas? ¿Es la mente de un bebé, de un niño? ¿La ignorancia te hace feliz, o te vuelve alguien carente de construcción personal y superficial, incapaz de afrontar el dolor, dejándote temeroso e inerme ante el futuro?

¿La cita papal no se refiere al pecado? ¿Qué pecado cometió Joel? ¿Poner un papel que dice Gracias en el auto del vecino porque olvidó que lo chocó su novia?

¿Es eso resplandor? ¿Tiene belleza el vacío y la ilusión de quien no ve cumplidos sus sueños? ¿Vale la pena vaciar algo que se llenará con más desdichas y desengaños, sin haber aprendido nada?
Hermosa escena de amor


La ironía es que hay que desprenderse también de los momentos bellos para olvidar los malos. Olvidar los encuentros amorosos bajo la colcha naranja (símbolo de dicha en este film, en oposición al azul), los besos, las caricias y los días gozosos.

Los laberintos de 
la mente

Joel quiere detener el mecanismo que ha disparado porque quiere conservar a Clementine en su corazón. En su imaginación, elude los momentos hacia donde quiere llevarlo la máquina, porque sabe que una vez que los recorra, desaparecerán para siempre.
Mientras los espacios compartidos se van desmoronando, arrastra a su amor con él e imagina una conversación con ella en un bosque en invierno. Y se les ocurre ocultarse en un recuerdo que la máquina no haya registrado.
Pensando cómo salir de la trampa


Una de las mejores secuencias es cuando la lleva al terreno de su infancia cuando tenía cuatro años y Clem reemplaza a una vecina, admira su vestido y le pide un vaso de vodka a su madre. Carrey hace muy bien el papel de nene, y llora porque quiere alcanzar el helado del refrigerador.

Escondida en mi infancia

La táctica da resultado. El médico va a la casa ante la alarma de su ayudante y pone las cosas de vuelta en su lugar.
Joel despierta con lágrimas en sus ojos, después de soñar que destapan la pileta de la cocina donde se bañaba con su novia, como una pareja de liliputienses delante de su mamá-gigante (Edipo no podría haber sido más feliz). El Dr. Mengele entonces le administra una inyección. En ese momento Joel expresa la cara más triste que haya visto jamás.
Edipo Rey

El principio es
el final feliz

Lo intentará de nuevo, pero es inútil. El menor descuido o la mera asociación de ideas continúan el proceso. El mismo fantasma de Clem no puede evitar su designio. Lo empuja hacia la casa de la playa, que es el principio de su historia, después de fantasear con que se conocían desde niños, donde unos chicos lo obligan a golpear a una paloma muerta (otro símbolo evidente).

La primera playa

Resignado, asiste a esa primera parte. A cuando la cita por primera vez en la librería, donde ella le advierte que no se encargará de la paz interior de otro, o a cuando la conoce en la playa con su pelo verde y se meten en la casa deshabitada, de donde huye mientras la casa se derrumba. Gozan los últimos momentos.
En la puerta, fingen una emotiva despedida que nunca tuvieron. Es una escena hermosa. Y al despertar, ella se ha desvanecido.

La primera invitación
Entonces se retoma el relato donde había quedado el día después. Y reciben las grabaciones. Las sesiones de ambos son horribles advertencias para que no lo intenten de nuevo.
Por azar, Joel descubre un dibujo que había olvidado llevar al consultorio (donde Clem es un esqueleto) y deciden, contra toda lógica, volver a un amor que parece condenado, y aceptar sus incongruencias. 
La consabida moraleja de que el amor es más fuerte que todo lo demás, para dejarnos esperanzas.