miércoles, 29 de mayo de 2013

El secreto de sus ojos (2009)




Triángulo de un idealista
Un hombre, un amor

imposible y un crimen

Juan José Campanella construye en esta película el entrecruzamiento de dos historias paralelas, un triángulo amoroso que deviene en crimen pasional, y una pareja donde él es el suboficial judicial encargado del caso (Benjamín Espósito – Ricardo Darín) y ella, su jefa, la secretaria del juzgado (Irene Menéndez Hastings – Soledad Villamil).
La primera historia es terrible, el rival viola y mata a la chica y los dos hombres terminarán sus destinos juntos, invirtiendo los roles de víctima y victimario. El viudo (Ricardo Morales – Pablo Rago) se convierte en el carcelero del asesino de su mujer (Isidoro Gómez – Javier Godino) en una casa apartada, donde ha construido una celda.
No existe posibilidad de perdonar, ni de retomar su vida y ni siquiera le dirige la palabra. En realidad, ambos están condenados. No lo mata porque cree que lo peor no es la muerte, sino estar vivo y no poder vivir. Es un final inesperado y desolador, tan impactante como el principio, cuando Benjamín intenta tejer una novela a través de los fragmentos de sus recuerdos y conjeturas después de 25 años.

La mujer amada

En la segunda historia, por diferencias sociales y por temor de tomar riesgos, Benjamín no puede declararle su amor a Irene, y al tener que huir por culpa de la causa Morales, la pierde y ella se casa con otro hombre de su misma clase social con un apellido interminable y aristocrático. Otro triángulo, pero pacífico y mesurado. Aquí la pasión se reprimió y obedeció a las pautas sociales, en cambio en la otra, los celos y el odio se desbordaron.
Con saltos en el tiempo, y varios flash-back muy bien utilizados, sosteniendo el ritmo y el suspenso hasta el final, el director intercala ambas historias que cabalgan entre el policial, el cine político y la comedia romántica.
Lo que tienen en común ambas historias es la diferencia social y que en ninguna pudo completarse el deseo, y el protagonista cayó en una vida frustrada y vacía. ¿Se puede vivir una vida vacía, una vida llena de nada?, se pregunta a cada rato Benjamín, ahora jubilado, empecinado en el pasado, tratando de cerrar y de resolver lo que quedó pendiente.

Búsqueda imposible



El autor y el fútbol

Se basa en una novela escrita por Eduardo Sacheri, La Pregunta de Sus Ojos, escritor apasionado por el fútbol. Sus crónicas se pasaban por la radio. No podían entonces faltar referencias a esa “pasión de multitudes”.
La secuencia aérea del estadio de Huracán y la cámara desencadenada hasta bajar y llegar a un plano medio de Benjamín en una de las gradas de la cancha, alardea de una técnica prodigiosa. Desde ahí hasta la persecución en que logran atrapar a Gómez, es una de las mejores escenas que vi en mi vida.

¡Dale Racing!
 Los Personajes
del Juzgado

Benjamín Espósito no se graduó pero cree en los ideales, en la justicia, en la necesidad de ser más humano. Cree en el amor, sueña con la utopía del amor eterno. Le disgusta el sistema, pero lo tolera, hasta que sucede algo que no puede soportar. Es el héroe (¿existirá uno en ese lugar?).

Comer papeles
Benjamín tiene a su empleado, el oficial Pablo Sandoval (Guillermo Francella), que hace un papel parecido al que hiciera Guillermo Blanco en sus dos películas anteriores, El hijo de la novia y Luna de Avellaneda.
El amigo alcohólico, que se refugia en un bar de mala muerte en horas de trabajo, ¿no lo despiden?, frustrado pero leal, y que terminará dando su vida para salvar a Benjamín (como si fuera tan fácil). Una concepción particular de la amistad entre jefe y subordinado ¿?, no exenta de humor, sobre todo cuando allanan la casa de Chivilcoy y le toca el hombro a Benjamín por sorpresa, mientras está buscando pruebas.
Otra vez...
Irene es hermosa, rica, aristocrática (se graduó en Harvard). Es un amor imposible. Es inolvidable el día en que la conoce. Elegante, buena, no procede como su jefa. También busca la Justicia (¿Otra fantasía para poder contar esta historia?).

Complicidad y amor


Falta presentar a los jueces, Fortuna Lacalle para quien trabaja (¿bueno o malo?, ¿pelotudo o se hace?), con quien no se lleva muy bien, y Romano (nombres con doble sentido, y parece que bastante avenidos). Este último no tiene vergüenza en demostrar su falta de escrúpulos, colabora con la Triple A y se convierte en su enemigo.

Los personajes del caso


No hice nada...

Isidoro, el asesino, es un personaje violento, capaz de sobrepasar cualquier límite sin el menor arrepentimiento, hasta el crimen más aberrante y despiadado, cuando se venga de Liliana Colotto, la mujer de Morales y manda a matar a Espósito, que es quien lo ha descubierto. Es tan posesivo que no duda en destruir a lo que más ama si no se le somete.
Tengo derecho a no ser humillado
Liliana es bellísima y fresca como Irene, y tiene sólo 23 años. Por eso, un caso que parecía un fastidio, se convierte en el más importante de la vida de Benjamín, al ver el cadáver juvenil, desnudo y golpeado de la víctima, junto a su cama matrimonial en la escena del crimen. Una joven hermosa hecha pedazos.

Ricardo es un empleado del Banco Nación en Buenos Aires. Culto, porteño, bueno y honrado. No puede creer que de golpe lo despojen de lo que más ama. Es un   vuelco que lo torcerá de por vida. De su amor pasará a la obsesión porque se haga justicia, lo hará él mismo si es preciso con una persistencia a prueba de fuego.
Vivir muerto

Una causa compartida

El amor de Irene hacia Benjamín comienza cuando comparten su opinión contra el juez para quien trabajan, cuando ella descubre su hombría de bien. Es una película hecha por un moralista.
Amor y fatalidad
Demuestra sus primeros sentimientos cuando se le acerca caminando y bromea con RESOLVER “con mayúsculas”, que el juez Fortuna Lacalle es un enfermo mental, incapaz absoluto para ejercer por sí actos de la vida civil.

A tal punto que su subordinado Benjamín la convence de hacer cosas a espaldas del juez (¿se puede?, ¿quién es el que manda ahí?), como reabrir el caso y permitir la indagatoria a Gómez, aprovechando que el juez no se encuentra.
¿Por dónde anda el juez? ¿Es porque el que se toma las cosas en serio es Benjamín, esa es la razón por la que el empleado joven lo llama Doctor aunque él le pide que no lo haga?

Una historia sobre
la pasión

El tipo puede cambiar de todo. De cara, de casa, de novia, de familia, de Dios, de religión, pero no puede cambiar de una cosa. No puede cambiar de pasión, dice Pablo.
En el rodaje

Y en efecto, en ambas historias, se sostiene el deseo de venganza de Ricardo Morales (apellido emblemático) y su amor por Liliana, y la promesa que le hizo Benjamín de enjuiciar al culpable para condenarlo a perpetua, cosa que no consigue. Aparte, está la pasión que Benjamín siente por Irene, ante quien se siente menos.

La otra pasión de Isidoro, aparte de Liliana, es el fanatismo por la AcademiaRacing Club de Avellaneda, motivo por el cual lo capturan en el estadio de Huracán. En definitiva, la pasión es lo que nos vuelve vulnerables o invencibles.
Presidente simbólica

El momento histórico: 1974 - 1975

La justicia no puede llevarse a cabo por el camino legal, debido a cuestiones políticas. El trasfondo es la violenta década del 70 y el asesino confeso es liberado por Romano para que secuestre y mate a las órdenes de la ultraderecha peronista, durante la presidencia de Isabel Perón, y así poder desquitarse con Benjamín.
La película tiene una clara lectura política. Como lo hiciera La historia oficial de Luis Puenzo, se centra en el terrorismo de Estado y deja de lado la subversión de la izquierda.
El proceder de los vencedores, los descalifica por los medios empleados, pisoteando los derechos a pensar distinto de gente inocente, en beneficio de los intereses de una élite. Su crueldad terminó teniendo el efecto contrario al buscado.
¿Dónde está? o te aprieto con la puerta.

Que Isidoro trabaje con ellos es una muestra elocuente de la psicología del torturador, y como no lo condenan por lo que hizo, Ricardo hace justicia por su cuenta. Siendo el asesino confeso, claro está. Ni obediencia debida, ni punto final. Benjamín después de enterarse, se convierte en su cómplice porque mató a su amigo y arruinó gran parte de su vida.
Sin lugar a dudas, uno de los ingredientes que más motivaron la entrega del Oscar. Otra vez premian a una película que pone en tela de juicio todas nuestras instituciones y su impunidad. ¡En qué concepto nos tienen! ¿Harían algo así en Hollywood? Olvidan que los Estados Unidos ayudaban en un principio a las dictaduras latinoamericanas. Es fácil hacer ejercicios de auto-conciencia después de que las cosas sucedieron.


Prejuicios y Clases Sociales

Parece que los jueces no se hacen mucho problema a la hora de querer quedar bien con un caso que no pueden resolver. Romano hace torturar en una comisaría a dos albañiles, dos negritos, uno boliviano y otro argentino, para que se declaren culpables.
Precisamente al boliviano le destrozan el ojo izquierdo (el otro es argentino, por lo menos -dice Romano), alardeando de un pensamiento racista. -Mejor que pelear es ayudar, dice sonrientemientras el otro juez se lo agradece sin protestar.
Los jueces son amorosos

A Fortuna Lacalle este caso en particular nunca le interesó. Prefiere algo redituable. A Romano, la denuncia posterior de Benjamín, lejos de perjudicarlo, lo benefició porque empezó a trabajar en el Ministerio, distanciamiento que lamenta el otro juez.

El odio patológico de Isidoro se debe a que cree que su novia lo dejó por desprecio. Se siente menoscabado ante Ricardo. Sufrió siempre los prejuicios sociales por ser un hombre pobre del interior que va a trabajar de lo que puede en Buenos Aires.

Irene aprovecha ese complejo para enfurecerlo y lograr que confiese: La amazona y el pigmeo… Hay que ser muy hombre para calentar a una mujer así… Las lesiones vaginales indican que se trataba de un hombre muy bien dotado. Obviamente no este microbio que debe tener un maní quemado…

Hay una clara asociación entre Irene y Liliana. Benjamín puede entender a Ricardo. Ambas provocan el mismo sentimiento en Isidoro. Los tres saben lo que es perder.

Ambos amores se parecen tanto que desencadenan un malentendido en una escena en el despacho de Irene.(Me rompieron la bola de cristal). Cualquier interrupción, Benjamín la aprovecha para postergar (otro recurso para sostener el suspenso). No logra juntar el valor necesario. Se siente menos, como Isidoro, pero al amor se lo sabe ganar o se resigna.
Romano se vengará expresando esas diferencias de clase: -Ella es abogada, vos perito, ella es joven, vos viejo, ella es rica, vos sos pobre. Ella es Irene Hastings, vos sos Espósito, o sea nada. Ella es intocable, vos no. Eso sí, lo único que tienen en común es que ninguno de los dos puede hacer nada.
La huida

 Las consecuencias

Los sentimientos de Irene se afirman con el caso Morales, porque ahí descubre su valentía, acotada por vallas que no puede superar. Le asombra su obsesión por ese amor puro que no se desgasta, ¡Qué causa, por Dios, no se muere nunca! –le dice a Benjamín.
Pero ese caso termina por alejarlos y lo obliga a huir a Jujuy por 10 años en 1975. Es el cierre de la 1º parte, adelantada al comienzo y explicada a la mitad. Vuelve en 1985, después del fin de la dictadura, pero no va a verla entonces.
De ese asunto dejaron de hablar para no despertar sentimientos adormecidos. La visita en 1999, en el  otro momento de la película, siendo ella ya una fiscal casada con dos hijos. Pensemos que es el fin del menemismo, de lo que no se hace mención alguna. Todo se focaliza en el traumático 1975.


Abismo y humo
Los ojos que gritan
Los ojos no mienten

Como el título de la película lo indica, los ojos son el elemento más importante de la obra. Desde su inicio, vemos el plano detalle de los ojos que hablan del amor de Irene por Benjamín, quien no logra manifestarlo a pleno.
Los ojos llenos de deseo y adoración de Isidoro en las fotografías familiares de Liliana, tomadas en su pueblo natal de Chivilcoy, que lo identifican como sospechoso. Su forma turbia de mirar a Irene en el interrogatorio en el juzgado, la convence a ella de que él es el homicida. Irene también empieza a leer miradas a partir de las reflexiones de Benjamín.
Los ojos llorosos y en estado de amor puro de Ricardo, un bancario detenido en el tiempo, que quiere justicia pero no consigue olvidarla ni recordarla. Los ojos hablan, hablan al pedo los ojos. A veces es mejor no mirar –le comenta Benjamín a Irene. Usted es mejor que yo. Su amor por esa mujer nunca lo vi en nadie, en nadie –le dice Benjamín a Ricardo en el último encuentro. Es también el ojo destrozado del boliviano Cáceres.
En ambas mujeres intervienen las miradas (esa mirada amanecida) y también el miedo a que le abran el escote, a ser violentadas. Incluso Irene lo siente cuando Benjamín, sin querer, lo tironea para pedirle que le deje indagar a Gómez. Se refiere al peligro de que el hombre no pueda contener su deseo.
Una vida rota
Las fotografías son evidencias

Las bellas fotografías en blanco y negro juegan otro rol importante. Documentan hechos y miradas, evocan felicidad y nostalgia, y ponen en evidencia el paso del tiempo, el fin de la juventud y el cambio ocurrido.
Hay fotos de bodas, de reuniones, de celebraciones, entre ellas el compromiso de Irene que entristece a Benjamín. Además de las terribles, las forenses, con la mirada hueca de la muerta.
Incluso hay fotos peligrosas porque podían identificar a Benjamín en los dos retratos de su departamento. Por eso Pablo los da vuelta al ver que tres matones forzaron la puerta e irrumpen preguntando por su amigo para matarlo, cuando al despedirse Pablo le había dicho: No te preocupés que a ese hijo de puta lo vamos a agarrar.
Belleza versus Sordidez

Benjamín halaga la belleza de las mujeres con piropos clásicos en los pasillos del Palacio de Tribunales, donde empleadas elegantemente vestidas son tratadas como ángeles (Se abrieron las puertas del cielo…), tratando de dar el calor de las ilusiones a un ámbito rutinario, lleno de caminos escabrosos y oscuros. No olvidemos que es un juzgado penal, lugar habitado por jueces ambiguos.
Como en toda oficina judicial, abundan los papeles y los expedientes, es una oficina gris donde Pablo se siente un sapo que cose folios, y de la que escapa a cada rato, yendo al tugurio de la calle Lavalle o Viamonte con vasos de whisky entre riñas. Ese ámbito da cuenta de una sociedad enferma.

No queda más que el odio
La lucha por la Verdad

Pero entre los papeles también están las cartas, en apariencia inútiles, con las que logran acorralar a Gómez. Y los garabatos del cuaderno o las hojas de la novela escrita a máquina, que procura encontrar la verdad.
Cuando Benjamín va a ver a Ricardo, que no quiere que descubra lo que hizo, éste le recomienda que no se acuerde más, que no le dé más vueltasporque va a tener mil pasados y ningún futuro, y se va a quedar solo con los recuerdos. Yo sé por qué se lo digo.
Es lo mismo que le decía Héctor Alterio (Roberto Ibáñez) a Norma Aleandro (Alicia Ibáñez) en La historia oficial: -Dejá de pensar.

¡25 años!

Descontento Relaciones Extralaborales
BáezAquí ando, ¿Y usted?
BenjamínCansado de ser feliz.
BáezSe lo nota muy contento.
BenjamínComo perro con dos colas. Si hay algo que disfruto en esta vida es ser el pelotudo de turno que vaya a ver una muerta.
Abundan en el discurso de los hombres las malas palabras (boludo, se caga, pelotudo). En una escena Benjamín enumera todas las clases de pelotudos, y él es de los que no joden para que no lo jodan. Toda una manifestación de malhumor e impotencia.
Irene sólo puede emitir insultos finos cuando indagan a Gómez (pigmeo, maní quemado por pene, tallarines por brazos). Trata de manifestar lo que debió haber pensado Gómez para llegar a tamaña maldad.
La relación profesional entre ambos se confunde con la personal, y por eso mucha jerga jurídica empieza a utilizarse con un doble sentido, por ejemplo decir expediente en vez de novela o rogar que objete en vez de que exprese sus sentimientos cuando Irene está por celebrar su compromiso. Hay un trasvase de lo laboral y jurídico a lo personal.
También Morales nota la característica híbrida de su novela (Va a tener que desarrollarla un poco. Parece un memorándum largo -dice Ricardo, después de leerla),

Obsesión


Búsquedas y Despedidas

Otro lugar es la estación de trenes de Retiro, de esperas imposibles (Ricardo cree poder encontrar ahí alguna vez a Isidoro, luego éste declarará que viajaba en colectivo) y de pérdidas (el adiós entre Benjamín e Irene), con una multitud indiferente, difusa y escurridiza, efecto logrado con trucajes técnicos, cuando Benjamín lo recuerda.
También es el sonido de un tren el que acalla los supuestos disparos de Ricardo contra Isidoro, encerrado en el baúl de su auto para matarlo, cuando le  miente a Benjamín para que no lo siga buscando.

La causa eterna
Provocación
Hay tres escenas muy osadas. Juegan con el horror, el miedo y el mal gusto a fin de transmitir más agresividad. La secuencia imaginada donde violan a Liliana, su cadáver desnudo sobre la alfombra ensangrentada del dormitorio.
Y sobre todo la de Isidoro mostrándole sus genitales de manera explícita a Irene y al espectador (uno de los últimos tabúes que quedan en el cine), después de los agravios que ésta le profirió adrede durante la indagatoria, para que al sentir todo lo que pensó cuando Liliana lo dejó, perdiese el control y confesara.

El despacho vacío

Las puertas:
 Pasaje a otro destino

La puerta del despacho que no se cierra, posterga la intimidad y ella deja que esa decisión corra por cuenta de Benjamín, hasta que un día le ruega que se sincere. 
Por una fatalidad (recurso muy usado), se lo pide el mismo día en que matan a Pablo. También  está la puerta forzada del departamento de Benjamín cuando van a matarlo, como cuando secuestraban a los desaparecidosla Argentina que se viene.

Mi revólver no es ningún maní

El miedo

¿Gómez paga por su crimen pasional y por ser el instigador de la muerte de Pablo, o también por los crímenes políticos que pudo haber cometido?
En la escena del ascensor en el Ministerio, después de hablar con Romano, lrene y Benjamín se encuentran sorpresivamente con Gómez, y éste los intimida cargando y probando su arma, delante de ellos y dándoles la espalda. 
Además, aparece como el guardaespaldas de Isabelita en un reportaje de noticiero de la televisión (¿no será mucho?).

La cruz invertida

Campanella detesta a la Iglesia porque fue cómplice y se mantuvo en silencio. Comparemos con la escena en el confesionario de Norma Aleandro en La historia oficial. Aquí se utilizan símbolos religiosos en los lugares indicados para que adquieran una doble lectura.
El crucifijo del cuarto de la pensión donde se hospedaba Isidoro es un símbolo de hipocresía, la Virgen en la casa de su madre en Chivilcoy, de superchería y la de la casa de Ricardo, de un consuelo imposible de encontrar, y disimula lo que esa casa es en realidad.

Iconografía de la resignación


La máquina de 
escribir que tiene miedo

La máquina de escribir, la vieja Olivetti que no escribe las “a”, justamente la letra más importante del alfabeto, simboliza a una justicia cuestionada y corrupta, que utiliza al miedo como arma para reprimir las ideas y traicionar nuestros sentimientos.
Por ejemplo, la máquina impide que Benjamín registre la declaración de Gómez. También por eso, Benjamín escribe TEMO en lugar de TE AMO con su lapicera cuando está dormido (imprevisto juego de palabras), en ese papelito de la mesa de luz que intenta recuperar sus sueños. 
Y en la novela debe agregar todas las “a” con birome para que resulte inteligible. Así, hay un pasaje constante entre dos niveles: de un nivel personal al nivel socio-político.
¿De qué lado estás?



Sigue siendo linda
Volver a empezar: 1999

Cuando se retira en 1999, precisamente al filo del milenio, ve a Irene otra vez. La novela que escribe Benjamín, que a veces se confunde con el expediente, consigue despertar de nuevo a Irene.
Y aunque primero le asegura que: Yo siempre miro para adelanteAtrás no es mi jurisdicción, me declaro incompetente, cambia de idea y un día va a su casa a leerla y entonces le reprocha: Y si fue así, ¿por qué no me llevaste con vos? 
Después de descubrirlo todo y callarlo (¿hace bien?), en un giro final, aunque va a ser complicado –le aclara Irene- Benjamín toma la decisión de hablarle a Irene con franqueza sobre sus sentimientos, y es él quien esta vez cierra la puerta.

Misión cumplida
Convenciones para permitirse un final feliz
¿Se puede volver atrás después de tanto tiempo? ¿No cambian los sentimientos, no se mueren? ¿No cambia todo? ¿Se puede tirar por la borda un matrimonio con dos hijos después de 25 años?
¿No es el derecho penal un trabajo sucio donde hay que aceptar cosas, por más dudosas que sean? ¿No corrompe siempre? ¿No es una imagen imposible la de los protagonistas? 
¿Puede un hombre como Ricardo sobrevivir a un golpe así sin buscarse otra pareja? ¿Tiene sentido dejar de vivir y dedicarse a arruinar la vida de un perverso? ¿Nadie lo notaría? 
Son elementos discutibles, detalles fantasiosos que parecen reales y fortalecen a la historia. El guión es muy bueno, por momentos tiene líneas espléndidas. Campanella lo escribió junto con el autor de la historia, Sacheri. La realidad supera a la ficción, pero el mensaje fue entregado.
Campanella es un director con muy buen dominio de la técnica cinematográfica, un hábil narrador y tiene gran capacidad para transmitir emociones. En El hijo de la novia se torna por momentos demasiado empalagoso, Luna de Avellaneda adopta un tono cotidiano con irrupciones poéticas, en cambio en esta película conviven el horror y el amor.

Darín y Drago - El secreto de sus ojos
Mil pasados y ningún futuro




Publicar un comentario